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BIOGRAFIA DE DON SOLON TELLO. MAESTRO DE LA AYAHUASCA

BIOGRAFIA DE DON SOLON TELLO (1918-2010)

Fallecido el 24 de Octubre 2010
“El Caballero de la Ayahuasca”
Por Jaime Torres Romero
Este texto es una biografía de Don Solon, maestro ayahuasquero natural de la ciudad de Iquitos-Perú, que por más de 60 años se dedicó a esta práctica. Describe algunos datos de su historia personal y su proceso de aprendizaje, sus maestros y sus dietas. Su reconocida y buena práctica médica le llevó a ser convocado en varias oportunidades por el centro Takiwasi para convidar ayahuasca y otras plantas.
Solón Tello Lozano, nació en Nauta el 16 de noviembre de 1918, poblado a 90 km de la ciudad de Iquitos.
Hijo de Don Nicolás Tello y Juana Bautista Lozano. Tuvo una hermana mayor de parte de padre, siendo el hijo único de padre y madre.
Vivió con sus padres en Nauta hasta los 9 años de edad y cursó los estudios hasta el 3er grado de primaria, teniendo buenas habilidades para las matemáticas. Posterior a ello viaja a Iquitos con su papá quien lo deja a cargo de su primo hermano en búsqueda de mejores oportunidades para su vida. Lamentablemente por cuestiones económicas no pudo continuar con sus estudios.
Durante su adolescencia junto a su primo preparaban cecina y chorizo con carne de cerdo, lo que vendían en el mercado Belén de Iquitos. Actividad laboral a la que luego de independizarse de su primo, se dedicaría por los siguientes años de su vida.
Más adelante siguiendo la tradición de jóvenes con pocas oportunidades para los estudios se enroló a la Marina de Guerra del Perú para realizar el servicio militar. Participó en el conflicto armado con Ecuador en el año 1941. Posterior a la guerra fue declarado Ex-combatiente, condición que le permitió tener una asistencia económica mínima por parte del Estado, similar a una pensión de jubilación.
Sobre su vida familiar, Don Solón tiene 11 hijos en total de cuatro compromisos, todos vivos a la fecha (2010). Desde hace 40 años aproximadamente a la actualidad convive con la señora Rosa Tuesta, con la que tiene sus últimos 5 hijos.
Don Solón contaba su aprendizaje diciendo:
“Yo aprendí esto, porque tenía un maestro que sabía mucho, Daniel Soplin. Caí enfermo o me hicieron daño en una pierna y él en Iquitos me curaba, me calmaba, pero me duraba dos o tres días y de ahí nuevamente caía enfermo. Así que un día me dijo: “Solón por qué no vamos a la chacra para que dietes 8 días”. Me fui con él y en dos días llegamos a su fundo. Al tercer día cocinó su purga (ayahuasca) y la tomamos. Tuvimos una sesión muy buena. Luego me llamó para que me haga la curación y en esos momentos me dijo: “¿Solón qué le hacemos al brujo que te hizo este mal, es tal fulano?” Me dio nombre y apellido. Yo conocía a ese hombre. Nos conocimos, porque yo estaba curando un paciente y este le llevó a la sesión. El se instaló en una esquina preparó su mesa y yo estaba en otro lado con mi mesa. En la sesión como siempre yo invoco a Dios, y en un momento el otro empezó a vomitar como loco, hasta casi botar sus tripas. De eso me echó la culpa y por ello me hizo daño. Entonces el maestro, mientras me curaba, me dijo qué le hacemos al brujo, yo le contesté “No hay que hacerle nada maestro, Ud. va a manchar su alma y yo también. Yo quiero que me cure no para hacer daño a nadie. El que le va a juzgar es Dios, nadie más”. Esa noche me dijo: “Mira Solón, tú tienes para aprender, yo te voy a enseñar, te voy a dar todas mis cosas y vas a hacer otro hombre”.
Desde ahí empecé a tomar estas cosas en serio. Dieté conforme a lo que él me dijo tomando Chiric sanango. De ahí a los tres meses volvió a invitarme a la chacra para darme otro vegetal, esa vez me convido el Chuchuwasi. También le dieté conforme me había indicado y un poco más poniendo de mi parte. Después pasando un tiempo más me dijo: “¿Solón quieres ir a la chacra otra vez a dietar otro palito?”. Ahí dieté Ajo sacha, seguí las indicaciones conforme me había indicado y poniendo de mi parte, le diete un poco más la dieta de sexo. Cuando regresé de la chacra me dice “¿Y Solón qué tal la dieta?”, yo le dije que sigo dietando. El se alegró mucho me dio un abrazo y me dijo “Tú sí quieres aprender”. Luego en otro momento dieté Chullachaqui caspi.
Cuando finalmente pasado algunos meses después de la última dieta me dice “Solón en junio nos vamos otra vez a la chacra, te voy a invitar todas las plantas que hay en mi chacra”. Desgraciadamente cayó gravemente enfermo los primeros días de junio y no levantó el hombre, se murió. Ahí terminó mi carrera de aprendizaje con él, pero me dejó con cierta enseñanza, me dijo: “De aquí vas tomando tu ayahuasca, vas levantándote y cuando ya te sientas capaz vas a empezar a curar criaturas por un año, si las sanas ya estás listo, entonces empiezas a curar enfermedades como brujería”. El me enseñó cómo se cura la brujería, todo como un maestro, yo seguí sus normas. Y cada vez que hacía un trabajo salía bien y hasta ahora. Así me metí en ese trabajo, atendía gente con dolores y males, siempre los he curado. También he curado alcohólicos. También mujeres que se vengan del hombre, le convidan brebajes en las comidas o bebidas, o le icaran para que su miembro ya no funcione. Acá hubo un joven que le hicieron daño a su miembro, le cure durante un mes y quedo bien, lo levanté”
Don Solón contaba que en una oportunidad, al inicio de su aprendizaje, tuvo problemas en un ojo y su maestro le indicó que era un daño. Este llegó a chuparle el ojo y sacarle pedazos de vidrio del ojo malogrado. Se curó pero perdió la vista y se quedó tuerto por el resto de su vida.
Posterior al maestro Soplín, Don Solón continúa con el maestro José Delgado Chuquipiondo, terminando con él su aprendizaje. Luego que este maestro falleciera, la viuda le hacía dietar. Para ello Don Solón viajaba por río al interior de la Amazonía a realizar dietas de aprendizaje que duraban de 8 a 10 días cada dos años.
En los inicios, su práctica médica la hacía con un amigo ayahuasquero en Iquitos, el señor Gonzales. Con él tomaba frecuentemente y atendían pacientes, además que se apoyaban mutuamente cuando tenían pacientes con brujería o cuando ellos mismos eran atacados. En cierta oportunidad el señor Gonzales estaba muy mal, le habían hecho daño. Mandó a sus alumnos a llamar a Don Solón y en una sesión de ayahuasca lo curó.
Todos los maestros con quienes Don Solón se hizo curar y aprendió vivían en Iquitos, no eran indígenas pero tampoco gente de ciudad. Eran personas de los pueblos aledaños a Iquitos que se dedicaban principalmente al comercio en los mercados populares y además a la práctica de la ayahuasca.
En su práctica médica tenía permanentemente ataques. Una vez enfermó muy mal de los pulmones. En el hospital le dijeron que tenía tuberculosis, pero fue a ver al señor Gonzales, él le levantó. Le dijo que no tenía nada en sus pulmones, pero si tenía un daño. En tres noches consecutivas de ayahuasca le curó. Luego estaba fuerte, sano y caminando.
“El señor Gonzales era un brujo, pero le tenía consideración, ambos se curaban y apoyaban cuando estaban mal”, refiere la Sra. Rosa Tuesta, conviviente actual. Ella también tomó ayahuasca con Don Solón por espacio de 8 años, era la ayudante en las sesiones, hacía sopladas y también cantaba los ikaros.
En otra oportunidad nuevamente Don Solón se puso mal, era cerca a la navidad del año 1971. Fue una de las últimas curaciones que le hizo el señor Gonzales, terminando con la colocación de arkanas de protección (defensas energéticas) para que quede bien y pueda pasar una buena Navidad. Curiosamente para el corte de dieta tenía que comer carne de chancho y fue prohibido de comer otras carnes como la de gallina o pavo, porque sino malograría la curación que había obtenido. Así que en esa navidad la mujer hizo chancho asado para la cena navideña.
Ninguno de sus hijos tuvo interés en aprender de él. La Sra. Rosa cuenta que ello fue porque él mismo influenció de alguna manera en sus hijos. Solía decirles: “Estas cosas –la ayahuasca- no sirve aprender. No solo se toma por tomar, hay que aprender, pero bien aprendido. Son cosas buenas y lindas pero uno vive perseguido por los enemigos. Uno no tiene enemigos en su corazón, pero los enemigos de todos modos existen y nos persiguen. Estudien y trabajen, vivan su vida sin que nadie les moleste, para que duerman bien, porque en estas cosas uno duerme cerrando un solo ojo ya que el otro debe estar abierto, para estar vigilante. Por ello hay que tener buenos maestros, para que te levanten cuando te hagan daño, pero no hay buenos maestros, solo hay brujos”.
Don Solón Tello es un maestro ayahuasquero que llamó la atención por su práctica sencilla y eficaz en los trabajos de curación que hacía en la ciudad de Iquitos. Además convocó el interés de muchos extranjeros, académicos y curiosos, por experimentar los efectos terapéuticos de la ayahuasca, así como por el aprendizaje del manejo de la ayahuasca. Fue convocado en innumerables oportunidades a prestar sus servicios médicos en el centro Takiwasi de Tarapoto, institución que se dedica a la rehabilitación de drogadependientes asociando medicina tradicional amazónica y psicoterapia contemporánea. Tuvo la paciencia de enseñar su medicina con su ritmo pausado, transmitiendo sus ikaros y los que le fueron enseñados por sus maestros. Manejaba la sesión con calma y una gran devoción donde no podía faltar la llamada al Cristo de Bagazán de la ciudad de Iquitos y al Señor de los Milagros, patrono del Perú. Nunca dejaba su botella de alcanfor y sus mapachos (cigarro rústico de tabaco puro). Después de rezar y soplar hacia los 4 puntos cardenales, se cubría la cabeza de su gorra y servía la ayahuasca y de inmediato empezaba a cantar sin parar hasta el final de la sesión, sacudiendo rítmicamente su shacapa. Su tono de voz grave y de ritmo lento, escondía una gran fuerza y daba tranquilidad a sus pacientes. Terminaba la sesión del mismo modo, descubriendo su cabeza y agradeciendo a Dios para finalmente soplar de nuevo en dirección a los cuatro puntos cardenales.
Don Solón manifestaba una gran reverencia hacia su medicina y tenía un respeto escrupuloso de las dietas. Al día siguiente de la sesión, hacia el medio día, ingería una preparación de cebolla, ajos, jugo de limón y sal para “cortar la dieta” y recién desayunaba.
De contextura delgada, piel blanca, tenía una calvicie que compensaba con un delgado bigote. En el dedo menique mantenía una uña larga cuyo significado nunca llegamos a conocer. Su rostro marcado por su ojo ciego y una nariz gruesa, era iluminado por su constante sonrisa. Por su dificultad de visión y con la edad, caminaba lentamente arrastrando los pies. Reía con una voz ronca.
Risueño, le gustaban las bromas y la compañía de amigos y porqué no lindas chicas. Muy sociable y acogedor, nunca rechazaba una soplada para ayudar a un paciente fuera de las sesiones. De carácter afable y tranquilo, emanaba una gran simplicidad y humildad de su persona que le hacía apreciar de propios y extraños. Demostraba una bondad sencilla y generosa al momento de transmitir sus conocimientos y el Centro Takiwasi le tiene una gran deuda por ello. Nunca dio prioridad a la necesidad económica sobre su misión de curandero.
En su trayectoria también fue invitado en sus últimos años varias veces a Chile y Argentina, donde realizó sesiones de ayahuasca con numerosos participantes. Pero no le gustaba el frío y prefería quedarse en la selva con su calor y su humedad.
Fue uno de los principales difusor de la medicina tradicional amazónica en el Perú entre los años 1980 y 2000.
En Enero del 2008 tuvo una caída en su dormitorio mientras intentaba ir al baño. Producto de esta caída tuvo una fractura en la cadera y el fémur derecho. Tres operaciones con anestesia total durante el 2008 se necesitaron para restablecer su salud. Don Solon no ha vuelto a caminar por sus propios medios, se valía de una silla de ruedas y de la asistencia de sus hijos y de su mujer.
Desde esa fecha ha dejado totalmente la práctica de la Ayahuasca, después de más de 60 años de ejercicio. Dejó de existir el domingo 24 de Octubre, en pleno mes dedicado al Señor de los Milagros, su Maestro celestial quien seguramente lo acogió beneplácito por todo el bien que hizo durante su vida a través de su bendita medicina.
“El maestro sentado en una silla, yo me siento al suelo, a sus pies. Toma una botella de agua bendita, remoja su mano derecha en ella, la postra en la corona de mi cabeza. Con respeto escucho sus rezos, pide a Dios por mí, a todos los cielos, a todos los santos. Su reverencia, su humildad, su devoción son sobrecogedoras, se pueden percibir en su voz. Toma la rama de shacapa, la golpea suave y continuamente en mi cabeza. Comienza a cantar un ikaro hermoso, suena a sanación y protección celestial: melodía enternecedora, un calmante espiritual… El maestro enciende un mapacho, luego sopla el humo en mi cabeza, mi espalda, mi pecho y mis manos haciendo una cruz con sus dedos en cada una de ellas.
Solo me dice: ¡Servido Cholo, que Dios te Bendiga!”
Vásquez, Cayo “Voces de la Ayahuasca” Edición Independiente, Lima 2000
Jaime Torres Romero
Psicólogo clínico, director de Takiwasi, Centro de Rehabilitación de Toxicómanos y de Investigación de Medicinas Tradicionales – Tarapoto, Perú
jaime_torres@takiwasi.com

www.takiwasi.com

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AYAHUASCA. EN BUSCA DEL CHAMAN

 

Perú, Amazonas, Iquitos, Tarapoto, Pucallpa. La Selva.

Medicina Tradicional, Plantas Sagradas: Kamalonga, Bobinsana, Chacruna, Ayahuasca.

Rituales ancestrales, curanderos,…

Un viaje a la Amazonía peruana para conocer a los curanderos-maestros chamanes de las plantas sagradas.

Iquitos, capital de la región de Loreto, baja Amazonía.

Las indicaciones que me habían dado en España resultan precisas: puedo contactar con el maestro Romulo y nos dirigimos en una lancha rápida por el río Amazonas hacia el cacerio de Iquea, a 35 Km. de la ciudad.

Desembarcamos en la orilla y tenemos que andar por la selva durante una hora hasta llegar a su chakra (terreno).

La humedad y el calor (30º) es intenso; se hace duro el camino, pero finalmente llegamos y Don Romulo me muestra dónde vamos a pasar los siguientes ocho días.

Una maloka (casa) aislada en plena selva, con su hamaca y mosquitera para dormir.

En ese instante comienza mi trabajo, que va a consistir en hacer una Dieta para conocer e integrar las plantas sagradas, para depurar mi organismo, como introspección personal, como …

La dieta consistirá en una ingestión de infusiones de plantas, Bobinsana, Chacruna, etc., cada mañana. Una única comida diaria, arroz hervido con plátano sancochado frito sin sal. Por la noche, toma de Ayahuasca. Y todo ello va acompañado de estar inmerso en plena selva y vivir con tu soledad en la maloka o tambo.

Ese primer día de llegada ya tuve por la noche mi toma de Ayahuasca o Purga, como se la conoce en Perú. La experiencia fue espectacular, mucho mas fuerte y enriquecedora que las vividas anteriormente.

La selva, la noche con su encantador bullicio de insectos, animales, plantas que crujen, el misterio y miedo de lo desconocido, ayuda enormemente a vivenciar la planta.

Y el maestro curandero con sus icaros (cantos) hacen que el ritual sea extraordinario. Una sensación difícil de olvidar.

La chacapa (plumero de hojas secas) que al agitarlo da un sonido característico, acompaña a los icaros. El Agua Florida, colonia peruana que sirve de protector en el ritual. Y el Mapacho (tabaco puro) utilizado en las “sopladas”, o soplos, de curación final del ritual.

Los días de estancia transcurren muy lentamente, a las cinco de la mañana sale el sol y a las cinco de la tarde se pone. Cada mañana tomo la infusión de plantas, al mediodía ingiero el arroz y el plátano sancochado, que resulta incomestible; voy bebiendo durante el día agua hervida, cogida de una quebrada (riachuelo) cercana, con el color marrón característico de todos los ríos de la Amazonía. Sufro del gran calor y de la soledad, puesto que Don Rómulo se marcha a pescar, cazar o cuidar un pequeño huerto que posee.

Al atardecer, a la caída del sol, aparecen los zancudos (mosquitos) y debes intentar protegerte con un repelente, camisetas de manga larga, con lo que puedas. En pocos días reconoces que estas en su civilización, que has invadido su espacio y que te dejan convivir.

Por la noche el maestro vuelve a la maloka, nos alumbramos con el candil de queroseno, intercambiamos palabras en castellano o quechua, como mejor pueda, y se hace una larga espera nocturna hasta las ocho de la noche para comenzar un nuevo ritual de Ayahuasca.

Transcurridas las tres o cuatro horas de la sesión, te introduces en tu hamaca, instalas bien tu mosquitero y esperas soñoliento la llegada del nuevo día.

En la época de lluvias, como la que relato, el invierno de la Amazonía, suceden lluvias torrenciales de dos, cuatro u ocho horas, que te acompañan durante tu estancia. Convives con ella, con la lluvia, con la naturaleza, con los animales y empiezas a vislumbrar porqué los occidentales consideran la selva amazónica “el pulmón del planeta”.

Día a día voy integrando mucho mejor la espectacular y maravillosa noche, no consigo superar ni el calor ni los zancudos, me habituo a la “higiene” de lavarte en un riachuelo de aguas sucias. Me comunico más con mi maestro-curandero y con su Ayahuasca. Sin lugar a dudas el trabajo me esta depurando tanto física como psíquicamente.

Las plantas que voy ingiriendo deben ir haciendo su trabajo. La Ayahuasca, de la especie “cielo”, provoca sus mareaciones, vómitos leves, visiones tanto introspectivas como alucinatorias. La experiencia, sin lugar a dudas es muy positiva y enriquecedora.

En esos ocho días, he tomado cinco veces la Ayahuasca, la planta maestra, la “madrecita”; el maestro me ha guiado o curado, tal y como él me indica al finalizar mi retiro en la selva.

Difícilmente podré hablar de curación, pues mi cultura judeo-cristiana-occidental, me habla de  conceptos chamánicos, sustancias psicoactivas -ahora enteógenas-, drogas prohibidas,…

Pero ellos, los curanderos-sanadores de la amazonía peruana, dicen curar con su medicina tradicional (la Ayahuasca, la Bobinsana, la Yawar Panga, el Toé, etc.) y, además, ser curanderos.

Regreso a Iquitos, al bullicio diurno del motocarro, de su Pza. de Armas, con los tours operadores de viajes a la selva, el malecón con vistas al Amazonas. Esta ciudad, turística por su enclave en la amazonía peruana, ha incorporado en su oferta el Chamanismo-Ayahuasca, debido a la demanda de americanos del norte y europeos.

La Universidad Nacional de la Amazonía Peruana -UNAP-, el Instituto de Investigación de la Amazonía Peruana -IIAP-, y centros privados, poseen a las afueras de la ciudad jardines etnobotánicos donde cultivan todo tipo de plantas amazónicas.

En Sacha Mama, jardín privado, puedes acceder a la toma de esas plantas.

Tuve la oportunidad de conocer a diversos curanderos que me invitaron, previo pago, a una toma nocturna de “la purga”; acepte un par de invitaciones.

Cuando inicié mi viaje tenía gran interés en conocer al maestro Don Solón, residente en Iquitos, octogenario. Había leído acerca de él en diversas publicaciones, como La búsqueda del águila, entre otras; maestro de diversos curanderos, fue uno de los pilares del Centro Takiwasi en Tarapoto.

Resultó ser un “viejito” encantador con el que pude tomar Ayahuasca y charlar en varias ocasiones que fui a visitarle a su casa.

De Iquitos me traslado a la ciudad de Tarapoto en la selva alta, donde se celebra el II Foro Interamericano sobre Espiritualidad Indígena. Sus objetivos son contribuir al intercambio de conocimientos entre los diversos grupos indígenas y mestizos, así como entre académicos de diversas disciplinas, sobre la espiritualidad indígena.

Asisten un centenar de personas, básicamente de países sudamericanos; también europeos y de USA.

Ponencias de gran interés, ceremonias y rituales de medicina tradicional: Ayahuasca, San Pedro, Peyote, Coca, Soba del Cuy, etc.

El evento lo organiza el Centro Takiwasi, un centro piloto de rehabilitación de toxicómanos y de investigación sobre medicinas tradicionales.

Takiwasi, con diez años de existencia, conocido fuera del país, ha creado una forma de trabajo, utiliza la medicina tradicional y la medicina moderna. Resultados satisfactorios.

Finalizada mi estancia en Tarapoto me traslado a Pucallpa, ciudad a orillas del río Ucayali, segunda ciudad de la Amazonia después de Iquitos. Caracterizada tanto por la desestructuración urbanística, el polvo rojizo de sus calles y los inevitables motocarros, como por las plantas sagradas y los curanderos.

Es tierra habitada milenariamente por tribus Cashibos, Shipibos y Ashaninkas; ello, ineludiblemente, conlleva la Ayahuasca.

Tiene sus jardines etnobotánicos y sus sanadores, y, debido a no ser una ciudad atractiva para los turistas, se conserva de forma mucho más auténtica la práctica de la medicina tradicional.

Curanderismo y hechicería pueden ir unidos en algunos de esos curanderos; dependerá de su ética y del entorno del paciente que lo solicite.

Conozco a varios curanderos con los que comparto algunas tomas de plantas. De uno de ellos ya tenía referencias, dadas tanto en Iquitos como en Tarapoto. Acepto su invitación de irme con él cinco días a su chakra, Fundación de Escuela de Plantas Medicinales “Mayantuyacu”, situada a unos 70 Km. de la ciudad.

Partimos a las 8 h. de la mañana con el colectivo (minibús). A unos 30 km. nos apeamos para tomar un nuevo vehículo, que consiste en una camioneta. Subimos a la zona de carga, junto con otras personas, sacos, gallinas y demás enseres. Son 30 Km. más por una especie de pista, consistente en un lodazal con surcos dejados por los vehículos que han pasado con anterioridad. En tres ocasiones debemos descender del vehículo para que éste pueda continuar. Finalmente llegamos al poblado de Honoria y al río Pachitea; allí alquilamos un bote que nos transporta por el río durante media hora más, nos deja en la orilla…  y ya tan sólo nos queda andar durante dos horas por la selva para llegar a nuestro destino. El camino es interminable y el calor insoportable, pero llegamos. Son las cinco de la tarde.

El recorrido por la selva es impresionante, pero aún lo es mucho más el cerro donde se ubica la Escuela de Plantas.

Un paraje con 8-10 tambos para habitar, un par de malokas, la cocina y una quebrada con agua a 90ºC. de temperatura, que desprende un vapor en forma de chimenea hacia el cielo.

Descansamos, especialmente yo, menos habituado a las carreras de obstáculos; tomamos una infusión de Huayusa, planta o palo sagrado y nos alumbramos con el candil de queroseno, mientras ahuyentamos los zancudos.

A las ocho de la tarde se unicia nuestra toma de Ayahuasca, con sus icaros que el maestro Juan Flores un curaca (jefe de tribu) ashaninca interpreta extraordinariamente.

El ritual lo compartimos cinco personas: el maestro, uno de sus hijos, un ayudante, un nativo de esa zona y “el español”.

La Ayahuasca cielo es suave, sus efectos alucinatorios son intensos y creativos. Los icaros ayudan enormemente a la magia de las energías involucradas; el nativo comparte los cantos junto con el maestro y la sesión resulta extraordinaria.

Finaliza el ritual con la curación individual del maestro a cada participante. Se sitúa delante tuyo, canta un icaro acompañado del sonido de la chacapa, enciende su mapacho y el humo te lo va “soplando” por el tórax, vientre, hombros, espalda y cabeza; con el Agua Florida te impregna las manos. Te ha efectuado la sanación.

Suelen cerrar el ritual, al igual que lo comenzaron, desbloqueando los puntos cardinales que protegían la sesión, Este, Oeste, Norte y Sur.

Después de un intercambio con los compañeros de ritual acerca de las sensaciones vividas me retiro a mi tambo a descansar.

La mañana siguiente la dedicamos a tomar baños de vapor en la “quebrada de aguas calientes”, con un cuidado extremo de no tocar el agua: son 90ª centígrados.

El maestro prepara un balde con agua templada en la que introduce diversas plantas. Con un cuenco te va rociando de la cabeza a los pies mientras te canta un icaro. Es el conocido “Baño de plantas” peruano.

Durante los días de mi estancia en Mayantuyacu, entre las tomas de Ayahuasca y los baños de vapor o de plantas, efectúo largos paseos por la selva durante los cuales el maestro me enseña a conocer las plantas, tal y como ya habían hecho con anterioridad Don Romulo y Don Solón. Aprendo también a efectuar las preparaciones de algunos remedios.

Pasados cinco días durante los cuales he vuelto a convivir con lluvias torrenciales, volvemos hacia Pucallpa. Por supuesto, debo volver a cambiar de medio de locomoción unas cuantas veces, y compartir el sitio en camionetas con animales domésticos y artilugios varios. Una especie de crucero… o de calvario, según se mire.

Por fin llegamos a la civilización y a los motocarros.

Ahora me dirijo al encuentro de un antiguo amigo con quien ya había tomado Ayahuasca en una anterior estancia en el Perú, otro maestro con quien entré en el mundo de la Ayahuasca por primera vez, hace ya más de un año, en España…

Ha pasado ya un mes y medio desde que llegué al Perú, con la ropa perfectamente seca y aséptica y unas cuantas ideas en la cabeza. Regreso ahora al viejo continente después de haber estado en un mundo totalmente diferente. Nada tiene que ver lo que he visto con la imagen preconcebida que traía de España.

Chamanismo, alucinógenos… Nada hay más sencillo, en realidad, que lo que he vivido en la selva: simplemente, curación a través de la medicina tradicional amazónica. El uso de plantas milenarias como medio de sanación.

Llámesele como se le quiera.

FERNANDO LATORRE

*Publicado en Rev. Cañamo Marzo 1999.

© Todos los derechos reservados.

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AYAHUASCA Y DON SOLON-CHAMAN PERUANO

Don Solón es un hombre alto, poco hablador. Escucha pacientemente con una sonrisa permanente en los labios. Cuando uno le habla de otros curanderos a los que él ha formado, su respuesta es siempre la misma: “yo le curé”. Es su manera de ver la enseñanza, puesto que es por medio de la curación como transmite sus conocimientos.

Como tantos otros, él mismo llegó al curanderismo por una enfermedad que contrajo y que le llevó, al no encontrar solución mediante la medicina oficial, a entrar en ese nuevo mundo que le haría cambiar la orientación de su vida. Hace ya cerca de cincuenta años de esa nueva etapa, de ese despertar y adentrarse en otros senderos.

Un hombre humilde, en todas sus manifestaciones. Desde el diálogo hasta las sesiones de Ayahuasca. Pero con una extraordinaria fuerza interior que se manifiesta incluso en los silencios.

Recibe periódicamente. En su casa, en horas prefijadas. Atiende a personas que padecen enfermedades, y, mediante preparados de plantas, diagnostica y sana la dolencia, bien sea “soplando” las hierbas o bien mediante tomas de Ayahuasca.

La mirada de Don Solón tiene largo alcance. En una ocasión me dijo: “Estás visitando y tomando “la purga” con diversos curanderos; eso son muchas energías que se mueven a tu alrededor. Te voy a preparar un “protector” para que lo lleves encima tuyo”.

Al cabo de unos días, durante otra visita que le hice, me entregó  dos semillas de Kamalonga mezcladas con tabaco puro, a las que el había icarado, diciéndome: “Cuando visites a un curandero llevalas contigo dentro de una pequeña bolsa y colócatelas a la altura del corazón”. Bolsa que conservo.

Haber podido conversar y tomar Ayahuasca con el maestro Solón ha sido una experiencia gratificante, tanto por lo que significa, en cuanto a toma en sí, como por haber participado de algo primogenio. Cabe pensar que haber tomado Ayahuasca con el que fue uno de los primeros maestros, curador de curanderos, me hizo sentir como el actor que, cansado de interpretar nuevas adaptaciones del tema shakesperiano, toma la calavera en su mano y se pregunta cuál es la cuestión de la existencia. Volver a la esencia aporta algo de la primera sustancia. Aunque también uno puede pensar que todas estas consideraciones nacen en el viejo mundo. Al fin y al cabo, como diría Don Solón, “yo curo”. Ni más ni menos.

FERNANDO LATORRE

*Publicado Rev.Cañamo Marzo 1999

© Todos los derechos reservados.

ICARO. “TODOS LOS SANTOS”. DON SOLON

ICARO “DE LA ULTIMA SESION”. DON SOLON

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