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RELATOS DE EXPERIENCIAS CON AYAHUASCA

RELATOS DE EXPERIENCIAS CON AYAHUASCA.

SI DESEAN ENVIAR SU EXPERIENCIA SE PUBLICARA EN ESTA PAGINA. GRACIAS


Pues me animé a redactar también mi última experiencia con Aya. Espero que os guste.

La Ayahuasca era bien negra y concentrada, nunca la había probado así, siempre habían estado más diluidas y el color en general era marrón, tono arriba tono a bajo.

La ceremonia empezó en un salón con luz tenue, algo de música de fondo y con la mirra paseándose por cada rincón. Durante la primera hora prácticamente no noté efectos. Sin embargo era consciente de que muchos de los que también tomaron, ya estaban teniendo reacciones notables, incluso la de una chica, preocupante, pues no cesaba de chillar y lanzar lamentos en voz alta, requiriendo mucha atención por parte de los cuidadores.

Noté el famoso peso en el estómago, que en la mayoría de las tomas sentía, y que era un presagio del vómito. No tenía ni náuseas ni auténticas ganas de vomitar, pero siendo consciente de que ya había pasado una hora, y que por tanto ya lo había absorbido todo, decidí forzarme un poco y sacarlo por la boca, antes que tenerlo que sacar por a bajo a la mañana siguiente. Así que vomité, sintiéndome tan solo un poco mareado. Me miré en el espejo del baño y no tenía midriasis aún, con lo que decidí volver a mi sitio y esperar, deduciendo que esa toma iba a ser más de “limpia” que otra cosa. Pero no fue así.

En cuanto me senté, empecé a relajarme más y más, hasta que empezaron a presentarse visiones cada vez más intensas. Principalmente protagonizadas por animales: un colibrí, un tigre, un búho… Con cada animal que se me aparecía en mente, a su alrededor veía muchos colores y ondas que fluían al ritmo de “su” esencia. Las del colibrí eran ligeras pero muy seguidas, las del tigre eran poderosísimas y sentía que influían en mi propio estado de visión…

Fui “subiendo” hasta llegar al estado en donde te olvidas de tu cuerpo, pero conseguí mantener en todo momento una cierta conciencia con la que podía “pensar”, muy primitivamente, pero eso me permitió guiar un poco el viaje. Me conecté con toda la naturaleza, todas las plantas que he oído o visto alguna vez iban presentándose como en unas diapositivas a tamaño real, así que era como si las tuviera delante, algunas eran buenas y otras eran malas, en el sentido supongo de comestibles o útiles. Empecé a ser consciente entonces de la gran influencia de los ordenadores y de la televisión en nuestro cerebro y en su manera de funcionar. Tuve muy claro que la VIDA, a fuera, en la naturaleza, era lo que el cerebro necesitaba, pues era cambio constante, dinamismo, amor, y la televisión y el ordenador eran máquinas que destrozaban las conexiones que estaban hechas para interactuar en simbiosis con el entorno, no de esa manera…
A continuación las visiones fueron yendo y viniendo mientras me encontraba en un estado semi-consciente, pues las interrupciones que hacían los ruidos o palabras de otra gente impedían que me centrara de verdad en mi proceso, pero estaba en ese estado de amor total, muy agradecido por los que habían permitido esa toma y por todo en general, así que aproveché más para contemplar y deducir mis cosas, que también me gustaba. Aún estaba bajo los efectos de la Ayahuasca, pero no lo sabía. En un bostezo, de repente, al final de este cuando se fuerza más la boca y se sopla, de repente me vino una visión fascinante que me asustó y todo, y fue que al mismo tiempo que soplaba, un águila con un rostro tan grande como el mío, salía de mi interior, fusionándose nuestros rostros por un momento, y ascendía al cielo a través del techo. Esas visiones repentinas hacían que cerrara los ojos e intentara centrarme un poco más en mí.

Sin esperarlo, cuando estaba en una visión muy amable no recuerdo sobre qué, me vino una arcada y me extrañé muchísimo, porque ya había vomitado. No quería vomitar de nuevo, pero sentía que mi cuerpo me lo estaba pidiendo a gritos. Esa contradicción entre lo que yo quería y lo que quería mi cuerpo me provocó un “bloqueo” mental impresionante, me quedé como congelado sin poder pensar en absoluto, a medida que un mareo impresionante y una sensación de agobio se apoderaban de mí. Al fin pude salir de ahí y decidí levantarme para volver de nuevo al baño. Ahí efectivamente vomité un montón. Y me extrañé, porque en 4 días no había comido prácticamente nada (un huevo duro, un plátano y una patata cocida al día) y el mismo día de la toma hice ayuno completo. Así que no sé lo que salió pero salió.

Después de vomitar me volví a mirar al espejo, bien, ahora eso ya era otra cosa. Ligeramente ruborizado, con una midriasis de campeonato y con la fascinación que me provocaba ese reflejo. Me quedé por lo menos un cuarto de hora mirándome y luego me fui. Estaba muy mareado, extremadamente. Me sentía débil por no comer ni beber desde hacía muchas, muchas horas. Me sentía totalmente vacío, pero en el sentido de puro y liviano. En mi no había nada más que lo esencial, nada sobraba, nada pesaba, nada estorbaba.

De vez en cuando volvían las visiones, pero se contraponían al mareo. Cuando me mareaba no tenía visiones, me sentía muy débil y era más propenso a agobiarme o a meterme en pensamientos ansiosos. Cuando tenía visiones todo eso desaparecía. Era como una lucha entre mi cuerpo, que necesitaba azúcares con urgencia, y mi mente, que necesitaba visiones.

En una de esas percepciones de debilidad, me sentí tan vacío y puro, que poco a poco fui introduciéndome en una visión muy particular, llena de colores y formas geométricas, avanzaba por una especie de pasillo. Olvidé mi cuerpo de nuevo. Poco a poco me iba disolviendo en mi entorno más cercano y en el más lejano. Al fin vi una deidad india, que no identifiqué ni identifico aún, pero parecida a Ganesha, sin embargo no era un elefante. Esa deidad se fue acercando hasta que de pronto ocupó TODO. No solo mi campo de visión sino que era consciente de que la deidad era el TODO representándose de forma simbólica. También la traspasé, pues no tenía voluntad alguna, ni razón, ni autoconciencia. Me disolví aún más. Allí, en medio de tantos colores y formas, empezó a formarse un agujero blanco, de una luz brillante pero pálida a la vez, muy pura. También lo percibí como el todo, lo más esencial. El agujero aumentó de tamaño progresivamente y en seguida “supe” que era la muerte. Me estaba encontrando con la muerte, y sabía que si me metía de lleno en ese “blanco” o esa “luz”, me disolvería por completo y moriría. Extrañamente a la vez que percibí esto, una sensación de atracción vino de ese lugar, algo me atraía, cada vez que me acercaba más me sumía en un placer cada vez más intenso y agradable, un placer metafísico e incalculable. Eso mismo es lo que terminó por asustarme, y mi cerebro me proporcionó algo más de conciencia, lo que me permitió alejarme de inmediato de ese lugar. Volví muy rápido, lo que hizo que tumbara mi cabeza hacia atrás como si me hubieran dado un golpe en la frente. Después caí en el hecho de que me tendría que haber dejado llevar por la muerte… pero eso lo dejo para otra toma.
Cuando desperté de esa muerte tenía un gato negro, que era de los propietarios, sentado en la falda, recostado a punto de dormirse, y eso me tranquilizó mucho, sentía que la naturaleza estaba totalmente de mi parte.

Y después de 6 horas de ceremonia, la más larga e intensa que he tenido, por la calidad de la medicina y por la dieta supongo, me fui a la cama a intentar dormir, aún mareado y con un dolor de cabeza un poco molesto debido a la deshidratación, pero sobretodo feliz, muy feliz.

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Buenas a todos, este pequeño relato quiere ser un vistazo a lo que fue mi experiencia con doña ascencia, curandera shipibo, en una ceremonia fabulosa y que todavia me falta procesar. Para los que han leido algun otro relato mio y no lo tengan claro, los curanderos de aquellos otros eran de la etnia Cocaima, mientras que doña ascencia ( PODEROSISIMA CURANDERA ) pertenece a la etnia shipibo conibo. Basicamente la medicina es la misma, pero tanto en la chicha ( El preparado de ayahuasca ), como en lo ceremonial difieren con sutiles diferencias.
Conoci a Doña Ascencia unos dias antes de la ceremonia en ocasion de una charla para definir un proyecto de traer a los curanderos no solo para ceremoniar, si no que la intencion del proyecto seria poder realizar dietas con plantas maestras de la amazonia en el pais, sin tener que viajar a iquitos. Definiendo algunas pautas de esto con el señor X, veo salir de una habitacion hacia el baño una personita pequeña, vestida con una colorida tunica que impedia apreciar los pasos que la hacian trasladarse. Larga cabellera negra caia sobre sus hombros y su desplazamiento parecia ser como flotando y sin movimiento alguno de las piernas. Al pasar a mi lado me es presentada. Cuando se da vuelta y puedo ver la cara me invade una especie de energia de paz y equilibrio, inmediatamente me recordo el rostro de maria sabina…ojos practicamente cerrados avanzada edad y sonrisa sin dentadura, la sonrisa sin dentadura mas hermosa y relajante que he visto. Una sensacion de entidad no corporea la rodeaba y casi se le podia ver el aura al trasladarse…

Llegó el dia de la ceremonia, cabe aclarar que por la mañana del mismo dia habia hecho una muy buena purga con tabaco mapacho, lo cual me dejo en optimas condiciones de limpieza en cuerpo y espiritu. Llegué alrededor de una hora antes, y me vi con la grata sorpresa de encontrarme con nuestro amigo ( para algunos ) @nekor, a quien no veia hacia rato. Charlamos y salude al resto de los ya conocidos y noté que eramos bastantes, alrededor de 20. Fuimos posicionandonos ennuestros lugares y armando nuestras bolsas de domir, Doña ascencia entró con santos, el hijo, ya que ella habla muy poco castellano y santos obraba las veces de traductor. Cuando comenzo a hablar la cadencia y la melodia del dialecto shipibo sonaba increibemente raro, pero a su vez uno sentia una familiaridad que llevaba a una sensacion de confianza y entrega que durante la ceremonia resultaria fundamental para la guia que ella debia ser. Sin mas preambulos se inicio la ceremonia. Uno a uno los participantes fueron pasando a beber la chicha ( el desubicado de nekor tomo lo que le sirvieron y queria mas! ja! ). Fuimos volviendo a nuestros lugares y he aqui la primera diferencia, los cocaima empiezan a cantar cuando termino de tomar el ultimo, en cambio doña ascencia comenzó cuando ella sintio que la planta le habia hecho efecto. Yo como que ya tengo una especie de rutina, que es al tomar la chicha me recuesto y descanso y hasta dormito un poco para al levantarme al rato ya estar en trance, y asi lo hice. Cuando tome la chicha, senti la diferencia con las otras en este sentido, menos espesa, pero con un sabor mas dulce. Indicando asi una mayor proporcion de chacruna y menos ayahuasca.

Volvi a mi lugar y me recosté sobre mi bolsa de dormir, creo que me hice una siestita de un poco mas de media hora, al volver en mi, ya estaba en trance, la mareacion se notaba haciendo que todos mis sentidos se agudizaran y me costo un poco acostumbrarme al tenue resplandor de la unica luz que provenia de afuera, asi como me espanto la luz de la llama de mi encendedor al prender un mapacho…A todo esto Doña ascencia ya estaba cantando, los shipibo solo usan la voz, no se acompañan con la shacapa ( atado de ramas secas que se golpea ritmicamente para cantar los icaros ) ni tocan otros instrumentos. Me incorporé y comence a seguir el ritmo de la cancion en shipibo con la cabeza y los ojos cerrados… A mi alrededor se sucedian escenas cuasi dantescas. A mi derecha Sentia como uno de los primerizos Vomitaba gritos como un desaforado mientras que cerca de el una mujer luchaba contra la planta y pedia por favor que se la sacaran del cuerpo e intentaba vomitar sin exito, a mi izquierda contrastando, las carcajadas de una mujer resonaban como si imaginarias plumas estuvieran recorriendo todo su cuerpo. Contemplé algo la situacion y volvi a mi trance…cerre los ojos y me deje llevar…las visiones comenzaron, amorfas y palidas al principio para luego colorearse y empecé a reconocer las primeras formas…hubo algo que se repitio varias veces en toda la ceremonia. Mandibulas, mandibulas que se acercaban a mi abriendose y me deboraban, al principio pensé que eran como de un pez dentado, algo asi como una gran piraña, luego me di cuenta que pertenecian a una serpiente, o quiza la misma vision se fue transformando. No eran estas mandibulas que me “comian” Puesto que en ningun momento me mordian, ni siquiera llegaba a verlas cerrarse, si no que se abrian de par en par y yo entraba en ellas, y al entrar, el interior era mucho mas colorido, con colores fuertes y combinados, eran como la puerta a otra cosa…por la mañana no tuve dudas en relacionarlo con los importantes cambios que se estan dando en mi vida. Puertas que se abrian a nuevas experiencias….Esta vez, al igual que la ultima no vomité, aunque tambien habria que tener en cuenta que por la mañanaya habia vomitado un balde entero con la purga de mapacho. La mareacion era notable y las formas en la oscuridad tendian a deformar su morfologia…sentia el cuerpo presente y comencé a soplar mapacho para aumentar mi sensibilidad y el trance. Mi valde era de los 3 o 4 sin vomitos y a pesar de las escenas que me rodeaban mi confianza en la planta y en la curandera me hacian pasar por el trance con seguridad y sin temor alguno. Aqui llegamos a otra diferencia conlos cocaima, ellos llegado cierto momento de la ceremonia, le cantan un icaro a cada uno de los participantes, que por intuicion carga el mensaje y la energia que el chaman siente que esa persona necesita. En cambio aqui, solo pasan frente a la curandera los que piden una sanacion. El señor X anuncio que los que querian una sanacion podian ir pasando frente a doña ascencia. Creo que pasaron 3 o 4 personas antes que yo hasta que me llego el turno. Me levante y me sente con respeto frente a ella. Comenzó su canto y yo intentaba ver su rostro enla oscuridad y la sensacion de que era una entidad mas allá del plano fisico aumentaba a medida que su canto en aquel peculiar dialecto brotaba con hermosa cadencia de su boca que practicamente parecia no abrir. De la nada comenzaron a brotar de mis ojos las primeras lagrimas, que poco a poco fueron convirtiendose en un desconsolado llanto. Lloré como pocas veces en mi vida mientras ella dirigia su energia sanadora hacia mi…la posicion de mi cuerpo era de entrega total. Por la mañana me di cuenta que por momentos estiraba la cabeza hacia arriba como si fuera un perro que le entregaba el cuello en signo de sumision total y reconocimiento de superioridad…en realidad era un pedido, pedido de sanar, para lo cual yo debia confiar y entregarme por completo, y asi lo hice…la sanacion termino con una frotacion de agua florida combinada con la imposicin de las manos en ciertos lugares, para luego encender su pipa y soplarme tabaco mapacho. Mis lagrimas habian cesado y me encontraba entregado en cuerpo y alma a lo que me hacia, hasta que de la oscuridad brotaron dos palabras delas pocas que usa del castellano ” ya está “. Agradeci con reverencia, me levante y volvi a mi lugar. Llegue a mi lugar y dude por un segundo, la sanacion realizada me habia cortado un poco el trance, pero la confianza habia aumentado increiblemente. Me quede parado algunos instantes frente a mi bolsa de dormir, y luego en vez de volver a sentarme salí fuera de la habitacion, donde se encontraba santos con la botella de la chicha dispensando una segunda ronda a quien asi se lo pidiera. Lo saludé y le pedí solo un poco mas, la tome saboreandola, agradeci y volví dentro…me recosté y cerré los ojos, esta vez las visiones de fractales y explosiones de colores me trajeron paz y alimentaron mi alma nutriendola de sociego y entre los cantos de Doña ascencia, los sonidos de los vomitos y las carcajadas quedé profundamente dormido. Por la mañana fui el primero en despertar, y aunque ya no estuviera en trance notaba los colores de todo lo que me rodeaba mas nitidos y brillantes. Y asi siguio siendo al salir a la calle luego del desayuno en conjunto donde todos compartimos la experiencia. Caminaba hacia mi casa y me di cuenta que mi postura era distinta, los hombros hacia atras, la cabeza elevada, y una renovada sensacion de cnfianza en mi mismo y mis capacidades…Sinceramente no puedo estar en desacuerdo cuando decimos que todas las ceremonias son “la primera” puesto que todas son distintas, la planta trabaja, pero trabaja sobre uno, con lo que uno le da para que trabaje, y cada vez, aunque sienta que ya no me preocupan ciertas cosas es como la primera vez..
Bueno, creo que eso es todo lo que soy capaz de transcribir en palabras, la experiencia escapa a la capacidad de cualquiera de plasmarlo de manera escrita u oral, pero el poder de la medicina es increible…Dicen que la ayahuasca existe hace tanto tiempo, que es probable que todos la hayamos tomado alguna vez en vidas pasadas…creo que esta vez sali realmente convencido que nunca en esta vida fue mi primera vez, y al mismo tiempo siempre lo es…
Bendiciones para todos
gracias planta madre…

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Medicina dama - Toma de Ayahuasca

Ella me llevó a su mundo mágico
lo que tenía que darme, me dio.
Me enseñó lo que tenía que enseñarme,
y me curó lo que tenía que curarme.

Me hizo entender, esta relación mágica
para después, llegar a comprenderla.
Aprendiendo a sentir su dimensión…
no con el cerebro sino con el corazón.

Trabajando al unísono, todas las realidades
sin prejuicios en la mente, de ellos libre…
en perspectiva; lo irracional como: razonable
y viendo lo invisible: como lo visible.

Dimensiones de las que se recibe ayuda,
realidades llenas de belleza y armonía.
la madre, la maestra, la doctora, considerada
el espíritu de la naturaleza, en la amazonía.

Ella me presentó al dios “Joaquin”
“espíritu todo poderoso
de infinitud superior” fuente inagotable
de la materia y de lo espiritual,
los árboles, las palmeras
míticas de nuestro origen,
los elementos; como el agua
inductora de vida,
el aire con su movimiento
dirección y fuerza,
el fuego generador de calor,
la tierra y sus conjuntos…
he invoqué con respeto
a los espíritus de bosque y del río
y encontré el amor,
la verdad, la fe,
y llegué a profundizar en el ser
y en la existencia…
he hice mi viaje astral
de su mano, de la tuya…
agarrada de la Liana de los Cielos
la que tú me echaste
desde tus “mundos paralelos

QUINI AMORES

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Me habían contado que con la ayahuasca la mente se traslada a sitios inimaginables. Que los ojos del alma se abren y ves cosas realmente alucinantes. Que los sentidos se alteran. Que en determinados casos el espíritu se desprende del cuerpo como si se despojara de un traje incómodo. Hasta que puedes transportarte a otros tiempos, lejanos o futuros.
Cada vez que escuchaba algo nuevo las ganas por experimentar se hacían más intensas. Tuvo que pasar un año hasta que finalmente un grupo de chamanes, la mayoría radicados en Tena (Napo), accedieran a abrirnos sus puertas y compartir una pequeña parte de su sabiduría ancestral.
Partimos desde Quito un sábado por la mañana con destino al Oriente. Más tarde allí nos recibirían Francisco Tanguila, el chamán mayor, su familia y más amigos.
El guía del viaje era Juan, curandero y yerbatero por tradición, estaba su esposa y los dos pequeños. También fue con nosotros Chonta Negra, otro chamán, pleno conocedor de la brujería.
En las más de cuatro horas de recorrido, Juan y Chonta contaron sus experiencias con la planta sagrada. Las historias eran realmente interesantes. No niego que por momentos creí que se trataba de puros inventos, solo cuando probé aquella bebida pude comprobar que todo era posible.
Chonta recordó la ocasión cuando en una reunión con chamanes ecuatorianos y de otros países, en una laguna de la provincia de Cotopaxi, la ayahuasca puso a todos a viajar.
Advirtieron que casi siempre el cuerpo desecha todo lo malo a través del vómito. Más adelante yo misma daría fe de aquello.
Al cabo de cinco horas de recorrido, finalmente arribamos a la casa de Francisco Tanguila, botánico y presidente del Consejo Yachayruna Amazónico del Ecuador (Cyrae), que es un organismo que agrupa a comunidades de chamanes y curanderos que buscan potenciar el uso de la medicina ancestral respetando a la madre naturaleza.
Para refrescarnos nos ofreció un vaso de una bebida roja y dulce, elaborada a base de yahuarpanga, que es la cáscara de un árbol que solo crece en las cochas. A este potaje se le atribuyen poderes curativos. Sirve, entre otras cosas, para oxigenar la sangre.
Las mujeres de la casa se mueven de un lado a otro terminando de recoger el material necesario para la sesión. En el patio cocinan maito de pescado, comida típica de la región amazónica. Todo listo. Es hora de partir hacia Misahuallí, a una de sus múltiples cascadas.
Estábamos alrededor de veinte personas. Los dos únicos extraños éramos mi compañero Carlos Silva, responsable de captar con su cámara fotográfica las mejores imágenes del ritual que presenciaríamos, y yo, que por momentos me sentía como extranjera, pues aunque había visto numerosos documentales sobre ritos “chamánicos”, lo que estaba a punto de experimentar no se le compararía jamás.
Arribamos a la propiedad de José María Balseca, oculta entre la espesa vegetación, cantos de pájaros multicolor y acompañada de una hermosa cascada de donde emana agua pura, nítida, sin rastro de contaminación, al final de la caída se forma una suerte de laguna. El ambiente es propicio, ni frío ni calor.
Cerca de las 18:00, antes que el sol se oculte, mujeres y hombres formaban con hojas y flores un círculo sobre la explanada junto al riachuelo. En el centro encienden una fogata rodeada de piedras, encima ponen una olla negra con ayahuasca.
Seis chamanes cambian su vestimenta “civil” por prendas apropiadas para la ocasión. A Francisco lo cobija la extensa piel de una boa que cazó años atrás. Usa un faldón, una corona y una cinta hechos con la piel del animal rastrero. Son su fortaleza.
Juan se coloca sobre la cabeza una de aquellas coronas elaboradas con plumas de papagayo, color azul y rojo. Se pone collares. Se quita los zapatos para andar descalzo.
Chonta Negra, por su parte, saca del maletín que porta una serie de artefactos. Lo más llamativo, sin duda, es el collar de dientes de serpiente que cuelga de su cuello. Así cada uno toma posición.
La sesión está a punto de empezar, pero primero todos los asistentes tomamos chicha de chonta y comemos maito de pescado que prepararon en casa de Francisco.
Antes de beber ayahuasca hicieron una limpia a José María para aliviar el dolor que siente en la planta de los pies a causa de un mal en los riñones. El paciente terminó agradecido, porque a sus más de ochenta años aseguró que solo siente paz cuando los yerbateros lo atienden.

El momento llegó
Al fin. La tan ansiada hora llegó. Pasaban de las 19:00. El cielo estaba totalmente nublado, la única luz que iluminaba era la fogata para cocinar ayahuasca.
Emma Anlli, una de las comadronas, me señaló que me siente dentro del círculo. “¿Está lista?”, me pregunta, y yo para no quedar mal le contesto que “sí”. Porque en realidad tenía cierto grado de temor por lo que sucedería.
Con Carlos habíamos acordado que él no tomaría el brebaje para realizar las fotos y de paso me vigile, en caso de que se me ocurriera algo.
Francisco decidió que la dosis para todos sería la mitad de un vaso pequeño. Días antes del viaje revisé algunos estudios que decían que las dosis de ayahuasca deben ser medidas por el más sabio del grupo. Que no es como tomar agua. Solo debe ingerirse pequeñas cantidades, más aún si eres un novato o ajeno a los conocimientos ancestrales, ya que la composición química del brebaje acelera el ritmo cardíaco, potencia y el sistema nervioso central.

Emma reparte la bebida a los chamanes. Se me acerca y sosteniendo el vaso con la mano derecha me indicó: “Tome de una sola, no sabe feo”. Cogí el vaso de cristal, suspiré hondo y un solo bocado fue suficiente para acabar con el contenido. En efecto, no sabía nada feo, aunque el color marrón del líquido hiciera pensar lo contrario.
“En unos treinta minutos le hace efecto. Si vomita mejor, para que se le vayan los malos espíritus. Y cuando vea la visión no se asuste, así mismo es eso. Cualquier cosa me avisa, yo estaré pendiente de usted”, me manifestó para tranquilizarme.
La lengua se me amortiguó apenas tocó el potaje. La sentía pesada, incluso se me hacía difícil articular ciertas palabras con facilidad. Carlos caminaba atento a capturar la imagen perfecta.
Diez, quince, veinte minutos y nada. La desesperación se apoderaba de mí. Quería sentir aquello que tanto había escuchado.
De pronto cierro los ojos por un segundo y al abrirlos fue como si de repente estuviera en otro sitio. Veía con claridad a las personas y objetos que me rodeaban, pero era como si ellos fueran de fantasía.
Los sentidos se alteraron por completo. Cada olor, color, movimiento, sonido, hasta el más leve susurro eran profundos. No miento. Pude sentir cómo la sangre recorría por mis venas mientras el corazón retumbaba con fuerza “pum, pum, pum…”.
Fue tan extraño y al mismo tiempo tan familiar, que si bien una pequeña parte de mi conciencia sabía que era efecto de la ayahuasca, el resto de mi ser lo asimilaba como una sensación natural.
El choque del agua con las piedras se volvió electrizante. Giré levemente la cabeza hacia la derecha para oír mejor. Puedo decir que era como si el río me estuviera hablando. Mientras tanto a mi mente vinieron recuerdos que había olvidado de cuando fui niña y adolescente. Aunque parezca absurdo, eso me permitió entender muchas cosas del presente.
Recordé aquello que era bueno si se vomita y traté que mi organismo respondiera de esa manera, pero no podía forzarlo. “Todo debe ser natural”, me expresó Emma.
Alguien del grupo gritó y mi atención se dirigió a otra parte. Como no pude ver quién lo hizo, mis ojos comenzaron a divagar intentando buscar un punto fijo. Y ahí fue cuando tuve la visión. Rocas y plantas repentinamente se transformaron en un león enorme. Podía ver sus colmillos. Parecía tan real que por más que agitaba la cabeza y cerraba los párpados con fuerza no se esfumaba. Estaba ahí viéndome directamente a los ojos.
Juro que lo escuché rugir. Era increíble. Hasta me llamó: “Ven”, me dijo con una voz grave. Cuando me iba a levantar Emma se acercó y me detuvo. “No le haga caso. No vaya. Solo véale, pero no le siga. Luego se nos pierde”, agregó.
Fue entonces cuando el estómago se revolvió. Las náuseas eran inevitables. El cuerpo se me estremeció y no tuve más que pararme e ir corriendo a una esquina a expulsar todo. La sensación fue extrema, como si me arrancaran las entrañas, pero al final sentí alivio. Era verdad: las malas energías se fueron. Vino la paz. No exagero. Parecía como si todo ese tiempo estuviera cargando pesados costales llenos de piedras.
Luego tuve un par de visiones más similares a la anterior. Eran felinos. Hasta apareció un lobo tomando agua del río, obedeciendo a lo que le decía.
Empezó a llover. Algunos de quienes ingirieron ayahuasca se metieron a la laguna para refrescarse y volver. Yo solamente dejé que la lluvia hiciera lo suyo. El efecto duró unas cuatro horas intensas.
Cuando todos recogían sus cosas para ir a escampar a la cabaña, una niña me mencionó: “Si sabe quién es, está aquí. No se quedará”. Respondí a cada una de las preguntas extrañada de sus cuestionamientos.
Más adelante Emma y otras mujeres me dirían lo mismo. Explicaron que le hablaban a mi espíritu, porque a veces cuando se desprende del cuerpo suele adoptar otras personalidades y se queda vagando en el ambiente. “Por eso siempre hay que saber si es usted u otra persona”, me aclaró.
Después de todo lo experimentado el resultado fue que en realidad se alcanza la tranquilidad interior. Por increíble que parezca, ese único bocado me permitió explorar mi alma.
Eso sí. La ayahuasca no es una bebida que puede tomarse cuándo y como sea. Siempre debe contar con la guía de un experto que conduzca el viaje y explique lo que está sucediendo.
VANNESA SILVA

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Ya se me está yendo el fluir de la mañana, el mediodía llega con otros aromas. En estos días posteriores, la experiencia con la abuelita (así se la llama entre otros nombres, por su sabiduría) me deja demasiadas sensaciones. Un crecimiento en ciertos niveles, angustias sin superar, asombro ante semejante poder, un profundo espíritu de comunión y, también, fuerza para seguir.
Expresar a los demás lo vivido tan intensamente se hace difícil, el lenguaje pierde significado y potencia sin la sensación. La comprensión del cuerpo, de lo material, es tan inmensa y a la vez tan dolorosa, debido a que no es posible dejarlo ir. Por eso no tenemos otra opción que brindar amor y disfrutar este paso casi efímero de vida en la tierra como humanos.
Somos seres tan frágiles.
Abrirás mi existir
Formarás un lugar
Todo se volverá
Una forma de amar

Cada quien
Hace el bien
Cada cual
Hace el mal

Lo perfecto
Es amar
Sin hablar
Sin dudar

Quiero ser una flor una luz un poco más
Ver mi mano en el sol ser conciencia estelar
Reposando en la galaxia átomos de luz y paz

Pude remontarme a una antigua conciencia ancestral, y nosotros, humanos invasores, estamos en esta temporaria vida para contemplar, para modificar sin dañar, para interactuar sin destruir, para generar sin imponer.

Pero qué poco nos damos cuenta.
Llegó la tarde. La iluminación me recuerda instantes vividos de comunión y sentimiento. Tomados de la mano, recibiendo el poder y la energía de la planta sagrada. Mucha luz a nuestro alrededor. Aceptación de nuestro ser. Paz.

Pararse de frente al universo nos deja boquiabiertos.
Autoconocimiento

Dicen los cultores de esta planta, que la ayahuasca es una planta sanadora. Durante las experiencias, en las que se ingiere una dosis de líquido de 70 ml aproximadamente (cabe aclarar que según los lugares y las culturas la dosis varía, así como el modo de encarar la experiencia), se produce un encuentro con los dioses. Principalmente lo que hace la planta es limpiar al ser, curarlo, por eso algunos vomitan o tienen gases: es una forma de limpieza. Igualmente todo lo que yo diga es muy personal; es una planta que tiene 5000 años y debe haber sido utilizada de muchas formas.
La ayahuasca ayuda -al menos a mí y a otras personas- a encontrarse con uno mismo, con los temores, las angustias y las delicias de la vida. Lo más fuerte que viví, y que realmente es vivir -por eso es una experiencia- fue sentirme en total comunión con el cosmos. Desde las partículas más pequeñas de los átomos que componen la materia, hasta las estrellas más enormes del universo. El autoconocimiento que brinda la planta es impagable y tremendamente profundo. Conectarse con ese ser, la planta, es algo maravilloso y fuerte. Dejó una marca indeleble en mi vida y lo seguirá haciendo.
Un dato curioso es que la ayahuasca es la unión de dos plantas, y una activa a la otra. Hace siglos atrás, algunas culturas conectadas realmente con este mundo, supieron de algún modo que una enredadera (la ayahuasca propiamente dicha) y un arbusto (que puede confundirse con cualquiera) los llevarían a conectarse con un mundo que es tan real como éste.
* Estas líneas pertenecen a Marcos.

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Hola Fernando! hace un mes y medio, participé en una ceremonia de Ayaguasca, conducida por un Shaman Budista. En una población cercana al lugar donde vivo en Venezuela.
Inicialmente la experiencia fue hermosa, vi mandalas y me ví en la cúspide de una piramide indoamericana, donde habian sacerdotes, personas con trajes de ceremonis, bellisimos, con muchas prendas de oro. los colores de sus trajes eran llamativos y tambien me vi a mi misma vestida con estos trajes, al contemplar todo esto, agradecí la oportunidad de observar y presenciar todo aquello, pero luego del grupo que estaba colocado en círculo, emergió el shaman budista y una voz dijo, te estabamos esperando, pero en ese instANTE SENTÍ QUE IBA A MORIR, comencé a gritar como loca que no quería morir, luego sentí la necesidad de estar con mi hijo, grité mnucho. Después me ví en una oscuridad, aparecian imagenes: máscaras, estomago,una cafetera, me veia comiendo horrible, , aparecieron imagenes de televisión, donde había guerra, sexo, otras y una voz que decia que eso es lo que hacen con las mentes de las personas los medios, la voz también dijo. NO hay derecha ni izquierda, todo eso es una mentira.Vi una nave espacial que quería llevarme y esa imagen tambien la relacioné con la muerte. Me sentí terrible. A los tres dias de la sesión me dio un ataque de panico. No podía dormir . Inicié una terapia a base de pintar mandalas, lecturas espirituales y se han dado cambios en mi vidad desde mi actitud. He hecho consciente mis miedos.
NANCY BRITO

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