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AYAHUASCA. EN BUSCA DEL CHAMAN

 

Perú, Amazonas, Iquitos, Tarapoto, Pucallpa. La Selva.

Medicina Tradicional, Plantas Sagradas: Kamalonga, Bobinsana, Chacruna, Ayahuasca.

Rituales ancestrales, curanderos,…

Un viaje a la Amazonía peruana para conocer a los curanderos-maestros chamanes de las plantas sagradas.

Iquitos, capital de la región de Loreto, baja Amazonía.

Las indicaciones que me habían dado en España resultan precisas: puedo contactar con el maestro Romulo y nos dirigimos en una lancha rápida por el río Amazonas hacia el cacerio de Iquea, a 35 Km. de la ciudad.

Desembarcamos en la orilla y tenemos que andar por la selva durante una hora hasta llegar a su chakra (terreno).

La humedad y el calor (30º) es intenso; se hace duro el camino, pero finalmente llegamos y Don Romulo me muestra dónde vamos a pasar los siguientes ocho días.

Una maloka (casa) aislada en plena selva, con su hamaca y mosquitera para dormir.

En ese instante comienza mi trabajo, que va a consistir en hacer una Dieta para conocer e integrar las plantas sagradas, para depurar mi organismo, como introspección personal, como …

La dieta consistirá en una ingestión de infusiones de plantas, Bobinsana, Chacruna, etc., cada mañana. Una única comida diaria, arroz hervido con plátano sancochado frito sin sal. Por la noche, toma de Ayahuasca. Y todo ello va acompañado de estar inmerso en plena selva y vivir con tu soledad en la maloka o tambo.

Ese primer día de llegada ya tuve por la noche mi toma de Ayahuasca o Purga, como se la conoce en Perú. La experiencia fue espectacular, mucho mas fuerte y enriquecedora que las vividas anteriormente.

La selva, la noche con su encantador bullicio de insectos, animales, plantas que crujen, el misterio y miedo de lo desconocido, ayuda enormemente a vivenciar la planta.

Y el maestro curandero con sus icaros (cantos) hacen que el ritual sea extraordinario. Una sensación difícil de olvidar.

La chacapa (plumero de hojas secas) que al agitarlo da un sonido característico, acompaña a los icaros. El Agua Florida, colonia peruana que sirve de protector en el ritual. Y el Mapacho (tabaco puro) utilizado en las “sopladas”, o soplos, de curación final del ritual.

Los días de estancia transcurren muy lentamente, a las cinco de la mañana sale el sol y a las cinco de la tarde se pone. Cada mañana tomo la infusión de plantas, al mediodía ingiero el arroz y el plátano sancochado, que resulta incomestible; voy bebiendo durante el día agua hervida, cogida de una quebrada (riachuelo) cercana, con el color marrón característico de todos los ríos de la Amazonía. Sufro del gran calor y de la soledad, puesto que Don Rómulo se marcha a pescar, cazar o cuidar un pequeño huerto que posee.

Al atardecer, a la caída del sol, aparecen los zancudos (mosquitos) y debes intentar protegerte con un repelente, camisetas de manga larga, con lo que puedas. En pocos días reconoces que estas en su civilización, que has invadido su espacio y que te dejan convivir.

Por la noche el maestro vuelve a la maloka, nos alumbramos con el candil de queroseno, intercambiamos palabras en castellano o quechua, como mejor pueda, y se hace una larga espera nocturna hasta las ocho de la noche para comenzar un nuevo ritual de Ayahuasca.

Transcurridas las tres o cuatro horas de la sesión, te introduces en tu hamaca, instalas bien tu mosquitero y esperas soñoliento la llegada del nuevo día.

En la época de lluvias, como la que relato, el invierno de la Amazonía, suceden lluvias torrenciales de dos, cuatro u ocho horas, que te acompañan durante tu estancia. Convives con ella, con la lluvia, con la naturaleza, con los animales y empiezas a vislumbrar porqué los occidentales consideran la selva amazónica “el pulmón del planeta”.

Día a día voy integrando mucho mejor la espectacular y maravillosa noche, no consigo superar ni el calor ni los zancudos, me habituo a la “higiene” de lavarte en un riachuelo de aguas sucias. Me comunico más con mi maestro-curandero y con su Ayahuasca. Sin lugar a dudas el trabajo me esta depurando tanto física como psíquicamente.

Las plantas que voy ingiriendo deben ir haciendo su trabajo. La Ayahuasca, de la especie “cielo”, provoca sus mareaciones, vómitos leves, visiones tanto introspectivas como alucinatorias. La experiencia, sin lugar a dudas es muy positiva y enriquecedora.

En esos ocho días, he tomado cinco veces la Ayahuasca, la planta maestra, la “madrecita”; el maestro me ha guiado o curado, tal y como él me indica al finalizar mi retiro en la selva.

Difícilmente podré hablar de curación, pues mi cultura judeo-cristiana-occidental, me habla de  conceptos chamánicos, sustancias psicoactivas -ahora enteógenas-, drogas prohibidas,…

Pero ellos, los curanderos-sanadores de la amazonía peruana, dicen curar con su medicina tradicional (la Ayahuasca, la Bobinsana, la Yawar Panga, el Toé, etc.) y, además, ser curanderos.

Regreso a Iquitos, al bullicio diurno del motocarro, de su Pza. de Armas, con los tours operadores de viajes a la selva, el malecón con vistas al Amazonas. Esta ciudad, turística por su enclave en la amazonía peruana, ha incorporado en su oferta el Chamanismo-Ayahuasca, debido a la demanda de americanos del norte y europeos.

La Universidad Nacional de la Amazonía Peruana -UNAP-, el Instituto de Investigación de la Amazonía Peruana -IIAP-, y centros privados, poseen a las afueras de la ciudad jardines etnobotánicos donde cultivan todo tipo de plantas amazónicas.

En Sacha Mama, jardín privado, puedes acceder a la toma de esas plantas.

Tuve la oportunidad de conocer a diversos curanderos que me invitaron, previo pago, a una toma nocturna de “la purga”; acepte un par de invitaciones.

Cuando inicié mi viaje tenía gran interés en conocer al maestro Don Solón, residente en Iquitos, octogenario. Había leído acerca de él en diversas publicaciones, como La búsqueda del águila, entre otras; maestro de diversos curanderos, fue uno de los pilares del Centro Takiwasi en Tarapoto.

Resultó ser un “viejito” encantador con el que pude tomar Ayahuasca y charlar en varias ocasiones que fui a visitarle a su casa.

De Iquitos me traslado a la ciudad de Tarapoto en la selva alta, donde se celebra el II Foro Interamericano sobre Espiritualidad Indígena. Sus objetivos son contribuir al intercambio de conocimientos entre los diversos grupos indígenas y mestizos, así como entre académicos de diversas disciplinas, sobre la espiritualidad indígena.

Asisten un centenar de personas, básicamente de países sudamericanos; también europeos y de USA.

Ponencias de gran interés, ceremonias y rituales de medicina tradicional: Ayahuasca, San Pedro, Peyote, Coca, Soba del Cuy, etc.

El evento lo organiza el Centro Takiwasi, un centro piloto de rehabilitación de toxicómanos y de investigación sobre medicinas tradicionales.

Takiwasi, con diez años de existencia, conocido fuera del país, ha creado una forma de trabajo, utiliza la medicina tradicional y la medicina moderna. Resultados satisfactorios.

Finalizada mi estancia en Tarapoto me traslado a Pucallpa, ciudad a orillas del río Ucayali, segunda ciudad de la Amazonia después de Iquitos. Caracterizada tanto por la desestructuración urbanística, el polvo rojizo de sus calles y los inevitables motocarros, como por las plantas sagradas y los curanderos.

Es tierra habitada milenariamente por tribus Cashibos, Shipibos y Ashaninkas; ello, ineludiblemente, conlleva la Ayahuasca.

Tiene sus jardines etnobotánicos y sus sanadores, y, debido a no ser una ciudad atractiva para los turistas, se conserva de forma mucho más auténtica la práctica de la medicina tradicional.

Curanderismo y hechicería pueden ir unidos en algunos de esos curanderos; dependerá de su ética y del entorno del paciente que lo solicite.

Conozco a varios curanderos con los que comparto algunas tomas de plantas. De uno de ellos ya tenía referencias, dadas tanto en Iquitos como en Tarapoto. Acepto su invitación de irme con él cinco días a su chakra, Fundación de Escuela de Plantas Medicinales “Mayantuyacu”, situada a unos 70 Km. de la ciudad.

Partimos a las 8 h. de la mañana con el colectivo (minibús). A unos 30 km. nos apeamos para tomar un nuevo vehículo, que consiste en una camioneta. Subimos a la zona de carga, junto con otras personas, sacos, gallinas y demás enseres. Son 30 Km. más por una especie de pista, consistente en un lodazal con surcos dejados por los vehículos que han pasado con anterioridad. En tres ocasiones debemos descender del vehículo para que éste pueda continuar. Finalmente llegamos al poblado de Honoria y al río Pachitea; allí alquilamos un bote que nos transporta por el río durante media hora más, nos deja en la orilla…  y ya tan sólo nos queda andar durante dos horas por la selva para llegar a nuestro destino. El camino es interminable y el calor insoportable, pero llegamos. Son las cinco de la tarde.

El recorrido por la selva es impresionante, pero aún lo es mucho más el cerro donde se ubica la Escuela de Plantas.

Un paraje con 8-10 tambos para habitar, un par de malokas, la cocina y una quebrada con agua a 90ºC. de temperatura, que desprende un vapor en forma de chimenea hacia el cielo.

Descansamos, especialmente yo, menos habituado a las carreras de obstáculos; tomamos una infusión de Huayusa, planta o palo sagrado y nos alumbramos con el candil de queroseno, mientras ahuyentamos los zancudos.

A las ocho de la tarde se unicia nuestra toma de Ayahuasca, con sus icaros que el maestro Juan Flores un curaca (jefe de tribu) ashaninca interpreta extraordinariamente.

El ritual lo compartimos cinco personas: el maestro, uno de sus hijos, un ayudante, un nativo de esa zona y “el español”.

La Ayahuasca cielo es suave, sus efectos alucinatorios son intensos y creativos. Los icaros ayudan enormemente a la magia de las energías involucradas; el nativo comparte los cantos junto con el maestro y la sesión resulta extraordinaria.

Finaliza el ritual con la curación individual del maestro a cada participante. Se sitúa delante tuyo, canta un icaro acompañado del sonido de la chacapa, enciende su mapacho y el humo te lo va “soplando” por el tórax, vientre, hombros, espalda y cabeza; con el Agua Florida te impregna las manos. Te ha efectuado la sanación.

Suelen cerrar el ritual, al igual que lo comenzaron, desbloqueando los puntos cardinales que protegían la sesión, Este, Oeste, Norte y Sur.

Después de un intercambio con los compañeros de ritual acerca de las sensaciones vividas me retiro a mi tambo a descansar.

La mañana siguiente la dedicamos a tomar baños de vapor en la “quebrada de aguas calientes”, con un cuidado extremo de no tocar el agua: son 90ª centígrados.

El maestro prepara un balde con agua templada en la que introduce diversas plantas. Con un cuenco te va rociando de la cabeza a los pies mientras te canta un icaro. Es el conocido “Baño de plantas” peruano.

Durante los días de mi estancia en Mayantuyacu, entre las tomas de Ayahuasca y los baños de vapor o de plantas, efectúo largos paseos por la selva durante los cuales el maestro me enseña a conocer las plantas, tal y como ya habían hecho con anterioridad Don Romulo y Don Solón. Aprendo también a efectuar las preparaciones de algunos remedios.

Pasados cinco días durante los cuales he vuelto a convivir con lluvias torrenciales, volvemos hacia Pucallpa. Por supuesto, debo volver a cambiar de medio de locomoción unas cuantas veces, y compartir el sitio en camionetas con animales domésticos y artilugios varios. Una especie de crucero… o de calvario, según se mire.

Por fin llegamos a la civilización y a los motocarros.

Ahora me dirijo al encuentro de un antiguo amigo con quien ya había tomado Ayahuasca en una anterior estancia en el Perú, otro maestro con quien entré en el mundo de la Ayahuasca por primera vez, hace ya más de un año, en España…

Ha pasado ya un mes y medio desde que llegué al Perú, con la ropa perfectamente seca y aséptica y unas cuantas ideas en la cabeza. Regreso ahora al viejo continente después de haber estado en un mundo totalmente diferente. Nada tiene que ver lo que he visto con la imagen preconcebida que traía de España.

Chamanismo, alucinógenos… Nada hay más sencillo, en realidad, que lo que he vivido en la selva: simplemente, curación a través de la medicina tradicional amazónica. El uso de plantas milenarias como medio de sanación.

Llámesele como se le quiera.

FERNANDO LATORRE

*Publicado en Rev. Cañamo Marzo 1999.

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